martes, 5 de agosto de 2014

Capítulo 35.



Por mucho que los chicos intentaron convencerme de que lo mejor era que me fuese a descansar, conseguí quedarme a pasar la noche en el hospital con David. Fui a casa de Dani, que era la que estaba más cerca del hospital, a darme una ducha y soltar las maletas que todavía llevaba conmigo desde que Magí me recogió en la estación de tren.
-          ¿Estás segura de que no quieres dormir aquí? Vas a estar más cómoda que en un sillón duro del hospital. – me dijo Dani cuando salí de la ducha.
-          No, muchas gracias. Ya que su familia no puede venir hasta mañana, quiero quedarme con él para que no pase la noche solo. – contesté.
-          Está bien, como quieras. Avísame cuando acabes y te acerco en coche.
-          Gracias, eres un cielo.
Me sonrió y me dejó sola para que terminara de arreglarme.
Me puse a preparar un bolso de mano con todas las cosas que pudiesen hacerme falta. ¿Que qué metes en el bolso para pasar la noche en el hospital la noche previa a la que van a operar a tu novio de una rotura complicada causada por un accidente del que te sientes responsable? Buena pregunta, yo tampoco tenía ni idea.
En cuanto terminé, Dani me llevó al hospital. Cuando entré en la habitación, David estaba hablando por teléfono.
-          Sí, princesa, te prometo que estoy bien. No, no me pasa nada, no te preocupes. Me muero de ganas de verte mañana para que se me quite cualquier dolor del todo. – decía con una gran sonrisa. Si no hubiese estado segura de que era su hermana, la persona a la que más quiere en el mundo, me hubiese puesto bastante celosa. – Oye princesa, te tengo que dejar que tengo visita. Sí, es Carmen. – sonrió – Vale, cariño. Te quiero mucho, ¿vale? Un besazo enorme. Te veo mañana, preciosa.
Colgó el teléfono con esfuerzo por el dolor de la quemadura del costado, que estaba tapada con una enorme venda.
-          Un beso de parte de Lucía. – me dijo mientras me señalaba un hueco en el lateral de su cama, invitándome a sentarme.
-          Es tan linda… ¿Viene mañana? – dije apoyándome con cuidado para no hacerle daño.
-          Sí, en cuanto mi madre le ha dicho lo del accidente la ha obligado a traerla. Vienen Lucía y mi madre media hora antes de la operación.
-          ¿Estás nervioso?
-          ¿Por verlas o por la operación?
-          Ambas.
-          No te niego que la operación me dé un poco de miedo, ¿a quién le gusta meterse en un quirófano? Pero, no sé, sólo puedo pensar en que pase ya, me den el alta y poder disfrutar de mi impresionante novia, mi familia y mis amigos. Y en cuanto a mi familia, más que nervioso estoy impaciente.
Sonreí. Volvía a ser su novia, volvía a oírlo de sus labios, después de haberme portado tan mal y me lo había perdonado. No me lo merecía.
-          No vuelvas a darme un susto así – le dije, refiriéndome al accidente. Puso una sonrisa traviesa.
-          No vuelvas a dejarme – contestó.
-          No creo que pudiera.
-          Te quiero muchísimo.
-          Te quiero.
Y me besó.
El resto de la noche la pasamos hablando de lo que haríamos en verano, una vez que David se hubiese recuperado de la operación. Él quería llevarme con su familia a Granada y yo quería presumir de lo feliz que era por el maravilloso centro de Sevilla. Y así pasamos las horas, hablando y riendo, hasta que nos quedamos dormidos. Juntos. Abrazados. Felices.

lunes, 24 de febrero de 2014

Capítulo 34.

El camino en cocha hasta el hospital se me hizo eterno. Salí corriendo con Magi en cuanto nos explicó lo que había pasado. Los chicos llegarían más tarde, ya que iban a esperar a que las chicas cogiesen el tren.
Cuando me monté en el coche, le mandé un mensaje a mi madre explicándole lo que había pasado y que me quedaría un par de días en Madrid. No le hizo mucha gracia, pero le prometí que la llamaría más tarde y se relajó.
Cuando llegamos al hospital todo se volvió un caos en mi cabeza. No sabía por dónde iba, no era capaz de decir una palabra, sólo seguía a Magi con la esperanza de saber cómo estaba David lo antes posible. Un médico nos dijo que le estaban examinando, y nos pidió que esperáramos hasta que alguien nos avisase.
15 minutos después (los 15 minutos más largos de mi vida), una enfermera nos dijo que podíamos entrar de uno en uno, y que no tardásemos mucho, que David necesitaba descansar. Magi me pidió que le dejase entrar primero para ver si estaba bien y así me pudiese quedar yo con él todo el tiempo que pudiera.
Cuando entré en la habitación, le vi con un brazo escayolado, una venda en el costado y restos de sangre en el pelo. Los ojos se me llenaron de lágrimas y reuní todas las fuerzas que tenía en mi cuerpo para que no se escapase ninguna.
  - ¿Cómo estás? – le pregunté con voz temblorosa y una débil sonrisa en los labios.
  - Mejor ahora – me contestó con su sonrisa de siempre. Hasta en los peores momentos seguía sonriendo.
  - ¿Te duele algo?
  - Hace un momento me dolía la pierna a rabiar, pero me han puesto un calmante y ya apenas lo noto.
Me acerqué a la cama y me senté en el sillón que había junto a ella.
  - Mejor…
  - Sí… Oye, ¿tú no tendrías que estar montándote en un tren?
  - ¿Cómo? ¿Pensabas que iba a irme sabiendo que estás en el hospital por mi culpa?
  - ¿Por tu culpa? Que yo sepa, el que iba conduciendo era yo.
  - Ya, pero si no hubiésemos discutido antes de irte quizás ahora no estarías aquí.
  - Quizás, pero tú tampoco, y de verdad que necesitaba verte otra vez.
No pude soportarlo más y las lágrimas comenzaron a caer por mis mejillas. David me miró entre extrañado y sorprendido.
  - ¿Por qué lloras? – me preguntó.
  - No soporto la idea de no volver a verte. Si te hubiese pasado algo, yo… - no me dejó terminar. Movió su brazo libre y puso su mano sobre la mía.
  - No, no pienses eso. Estoy aquí, ¿vale? Estoy aquí contigo.
  - Te quiero muchísimo, y lo siento tanto.
  - Yo te quiero más. Ven aquí.
Puso su mano en mi nuca, me acercó a él y me besó.  Era un beso de perdón, de reconciliación, de miedo, de alivio, de alegría, de todo.

Cuando salí de la habitación vi que los chicos ya habían llegado, y estaban hablando con un médico. Magi también estaba allí. Todos tenían caras de concentración y preocupación. Me acerqué con cuidado.
  - ¿Qué pasa? – pregunté.
  - ¿Es usted familiar de David? – me preguntó el médico.
  - Soy su pareja – contesté. El médico me miró extrañado y me entraron ganas de decirle ‘sí, mi novio tiene 7 años más que yo. Ahora quita esa cara de idiota y dime qué coño pasa’.
  - Bien. Le hemos hecho una radiografía a la pierna de David y hemos descubierto que tiene una rotura parcial que únicamente se puede arreglar en quirófano. Es una operación delicada, no voy a mentirles, pero David es joven y confiamos en el buen resultado de la intervención.
  - Y, ¿qué podría pasarle si sale mal? – preguntó Dani.
  - Es impredecible. Como les he dicho, confiamos en el buen funcionamiento de la operación, pero dentro de un quirófano todo puede pasar. En fin, la operación será mañana a las 8 de la mañana. Sólo una persona puede pasar la noche en la habitación. Les veré mañana.


En 24 horas me había peleado con David, habíamos cortado, nos habíamos vuelto a pelear, él había tenido un accidente grave, nos habíamos reconciliado y ahora tenían que operarle. La cabeza me iba a explotar.

domingo, 2 de febrero de 2014

Capíulo 33.

Al día siguiente, después de que los campistas se hubiesen ido, nos despedimos de los chicos una vez más. Hubo lágrimas, besos y muchísimos abrazos. Álvaro, Blas, Dani y Carlos insistieron en acompañarnos a la estación de tren, pero David se disculpó y nos dijo que tenía que hacer algo. No voy a decir que no me molestó porque mentiría, pero también entendía que quisiese ahorrarse las despedidas románticas de los demás cuando nosotros ya no estábamos juntos…
Sin embargo, antes de irnos, conseguí hablar a solas con David.
  - Hola – le dije.
  - Hola.
  - Parece que tenemos que volver a despedirnos…
  - Ya, eso parece.
  - Oye, quiero que sepas que aunque ya no estemos juntos este ha sido el mejor verano de mi vida gracias a ti, y que te quiero muchísimo.
  - Ya, claro… - contestó.
  - ¿Acaso no me crees?
  - Quiero creerte, claro que quiero, pero si de verdad me quisieras como yo te quiero a ti no tendríamos que estar despidiéndonos de una vez por todas y para siempre.
  - ¡¿Qué?! Claro que te quiero, te quiero más de lo que puedes imaginar, pero las cosas no son tan fáciles, David.
  - No lo entiendes, ¿verdad? Si dos personas están destinadas a estar juntas, siempre descubren la forma de volver a encontrarse.
  - Entonces, supongo que no estamos hechos el uno para el otro.
  - Supongo…
  - Bien, pues… Gracias otra vez por un verano genial… Esto… Supongo que ya nos veremos – quise irme lo más rápido posible antes de romper a llorar.
  - Bien, ya nos veremos.
Me di la vuelta y comencé a andar intentando convencerme de que esa era la mejor forma de dejarlo todo atrás, aunque sabía que era mentira.

Cuando llegamos a la estación de tren todo eran lágrimas y deseos de volver a estar todos juntos muy pronto. Yo, la verdad, no entendía a qué venía tanto llanto si los que más tiempo iban a estar separados eran Dani y Cris, y volverían a verse en una semana.
  - Eh, pequeña, ¿estás bien? David nos ha contado esta mañana lo que pasó anoche… - me preguntó Blas mientras me abrazaba.
  - Sí, estoy bien… Creo.
  - ¿Estás segura de tu decisión?
  - No, para nada, pero supongo que con el tiempo me aclararé y… Y así me ahorro el sufrir.
  - Está bien, lo entiendo. Sólo quiero que sepas que él te quiere muchísimo, ¿vale? Que no se te olvide.
  - Gracias.
  - Gracias a ti por un verano increíble. Ojalá podamos vernos otra vez muy pronto, rubia. – y volvió a abrazarme.
El resto del tiempo todos nos estuvimos despidiendo de todos. María no paraba de llorar mientras Carlos la abrazaba; Cris y Dani llevaban tanto tiempo pegados el uno al otro que pensaba que acabarían fusionándose; Celia no dejaba de decirle a Álvaro los distintos libros que se tenía que leer durante las vacaciones; y Martina y Blas planeaban la cantidad de tartas y muffins que iban a cocinar mientras estuviesen juntos en Madrid.
Justo cuando el tren estaba a punto de llegar, apareció Magí.
   - ¡Chicos, corred, tenemos que irnos!
  - ¿Qué pasa? Espera al menos a que las chicas se vayan – dijo Carlos.
  - ¡No podemos, hay que irse ya! ¡Es David!
  - ¿David? ¿Qué le pasa a David? – pregunté mientras me hacía un hueco entre los chicos para poder ver bien a Magí.
  - Ha tenido un accidente con el coche. Se fue enfadado del campamento y parece que ha corrido más de la cuenta. Está bastante grave.
Me quedé completamente quieta. Se me había olvidado cómo respirar. Se me estaba nublando la vista. El mundo se caía a mi alrededor.

Era culpa mía. David estaba fatal en el hospital y era total y únicamente culpa mía.

jueves, 26 de diciembre de 2013

Capítulo 32.

Los tres días de MCA pasaron más rápido de lo que a ninguno nos hubiese gustado, y eso que pasó de todo un poco. Ya teníamos la última parejita del grupo: Blas y Martina nos dijeron que estaban juntos al día siguiente de conocerse. A mí me parecía que habían corrido un poco, pero tiempo era lo último que nos sobraba y la verdad era que estaban hechos el uno para el otro.
Para todos era el mejor verano de nuestras vidas y todos tenían planes para lo que quedaba de verano: Martina iba a pasar el resto de las vacaciones en Madrid con su familia, de forma que pudiese estar con ellos y con Blas. Dani había alquilado un apartamento en Cádiz para poder pasar el verano con Cris. Celia y Álvaro iban a pasar el mes de Agosto en un complejo de vacaciones en la playa. Carlos y María habían contratado un viaje de tres semanas por toda Andalucía en busca de la mejor tarta de chocolate de todo el sur de España. David y yo éramos los únicos que aún no teníamos planes.
La última noche de MCA, David vino a recogerme a mi habitación y me llevó hasta el muelle.
  - ¿Qué hacemos aquí? – le pregunté.
  - Terminar lo que empecé la última noche que estuvimos en este sitio.
Nos acercamos más a la orilla y vi una pequeña barca con un montón de pétalos de flores en el suelo y pequeñas linternas en forma de vela en los extremos. Nos montamos y David empezó a remar hasta que estuvimos en el centro del lago, entonces apagó las luces, se tumbó en el suelo de la barca y me dijo que me tumbara junto a él con los ojos cerrados.
  - Ahora, ábrelos. – cuando abrí los ojos vi sobre mí un cielo azul oscuro cubierto de un número infinito de estrellas y una luna llena que lo iluminaba todo.
  - Dios mío, David, esto es precioso.
  - Te mereces mucho más que esto – dijo mientras me cogía la mano – Por cierto, quiero proponerte algo.
  - Vale, pero antes de nada quiero que sepas que no tengo intención de casarme antes de los 25 – bromeé.
  - Jajajajaja no, no voy a pedirte matrimonio, idiota, es mucho más simple que eso. ¿Quieres que hagamos un viaje lo que queda de verano? Un estilo a lo que van a hacer Carlos y María.
  - No lo sé, David…
  - O si lo prefieres puedo alquilarme un piso en Sevilla, como va a hacer Dani.
  - Nada me gustaría más que pasar el resto de las vacaciones contigo, pero…
  - ¿Pero?
  - Pero pasamos un mes más juntos y termina el mejor verano de mi vida, y después, ¿qué? Tú vuelves a Madrid, haces otra gira y sigues con tu vida mientras yo vuelvo a las clases en Sevilla y no puedo olvidarte porque te veo día sí y día también en la televisión recordándome cuánto te quiero.
  - Entonces, si me quieres, ¿cuál es el problema? Sacaremos tiempo o excusas para vernos de donde sea posible, igual que hemos hecho durante el verano.
  - David, ha sido muy duro para mí despedirme una vez de ti, y eso que sabía que iba a volver a verte. Ahora volvemos a despedirnos, nos vemos de nuevo en unas semanas y después vuelves a irte… Es demasiado… - yo ya había empezado a llorar.
  - Entonces, ¿ya está? ¿Esto es todo?
  - No sabes cuánto me gustaría que fuese distinto, pero es demasiado difícil.
  - No voy a dejar de quererte, que lo sepas.
  - Ni yo a ti, David, pero tenemos que ser realistas… Las relaciones a distancias son difíciles, y más aún si somos tú y yo que somos cualquier cosa menos simples…
  - Lo sé, lo sé… - me miró a los ojos – Carmen, ¿te puedo pedir una última cosa antes de volver?
  - Claro, lo que quieras.
  - Dame un beso. – con más miedo que nunca puso sus manos en mi nuca, se acercó a mí y me besó. Fue un beso lleno de dolor, tristeza, enfado, pesar, pero, sobre todo, de lágrimas.

Y ese fue nuestro último beso.

jueves, 24 de octubre de 2013

Capítulo 31.

  - ¿Dormiste bien anoche? – le preguntó David a Álvaro mientras desayunamos.
  - Eeeeeh… Sí, gracias – contestó.
  - ¿Y tú, Celia?
  - Muy bien – contestó Celia.
  - Yo también dormí muy bien anoche, gracias cariño. ¿No estáis nerviosos porque hoy llegan los auryners? – corté a David e intenté cambiar de tema antes de que dijese algo de lo que habíamos visto la noche anterior sin consentimiento de Álvaro o Celia. Cuando estuviesen listos dirían que estaban juntos, antes no.
  - No, a ver, se lo pregunto a ellos en especial porque sé que durmieron poco - David no estaba dispuesto a dejar pasar el tema. Y a mí se me acababan las excusas.
  - Bueno, como todos, acabamos tarde el picnic.
  - Ya, pero ellos estuvieron especialmente ocupados…
  - ¡¡DAVID!!
  - Vale, está bien, voy a decirlo antes de que Carmen le arranque la cabeza a David…
  - Sí, por favor, que estoy muy perdida – le pidió María.
  - Y Carmen cabreada da miedo…. – comentó Celia.
  - Ay… David está hoy especialmente gracioso porque él y Carmen nos estaban espiando mientras le pedía salir a Celia.
Todo fueron ‘¡Oh!’ y ‘¡Ah!’ y felicitaciones, excepto David que, Álvaro tenía razón, estaba especialmente gracioso.
  - ¡¿Espiando?! No, perdona, pero me quitaste mi sitio, usurpador de ideas románticas de pacotilla. Lo menos que podíamos hacer era espiar un poco.
El resto del desayuno pasó entre pequeñas peleíllas de Álvaro y David sobre quién había tenido la idea del muelle antes, si teníamos derecho a espiar o no, la teoría de David de ‘Álvaro no besa bien porque se te enreda el pelo en las greñas de su barba’….
Álvaro estaba intentando untarle mantequilla a David por el pelo cuando me llegó un mensaje de Martina. “En 1 hora estoy allí. ¡Dios, qué ganas de veros ya!”

Una hora más tarde estábamos en la parte trasera de un escenario, esperando a que todo el mundo llegara. No queríamos salir hasta que hubiesen llegado todos y se hubiesen saludado. Pero, cuando vi llegar a Martina cargando con su maleta y su bolso, no pude evitar salir corriendo a abrazarla. Llevaba meses sin verla, teníamos tantas cosas que contarle…
  - ¡TIAAAAAAAAAAAAAAAAAAA! ¡QUÉ GANAS TENÍA DE VERTEEEEEEEEEEEEEEEEEEE! – le grité en el oído mientras la abrazaba.
  - Sí, y al parecer también de dejarme sorda – se rió - ¿Cómo es posible que hayas llegado aquí antes que yo?
  - Ya, bueno, es una larga historia… - se oyó una voz por megafonía diciéndole a todos los campistas que se acercasen al escenario para recibir instrucciones sobre lo que tenían que hacer – Oye, ¿por qué no vas cogiendo sitio cerca del escenario y ahora te busco? Tengo que ir a hacer una cosa.
  - Vale, ahora nos vemos – y la abracé otra vez.
  - ¿La has visto ya? – me preguntaron Cris y María nada más llegar a la parte trasera del escenario.
  - Sí, ay, está igual pero distinta a la vez. Parece que hace siglos que no la vemos.
  - Joder, qué ganas de darle un abrazo ya – dijo María.
  - Chicas, vamos a subir ya. Estad atentas para cuando tengáis que salir – nos dijo David.
  - Vale – contesté. Me besó en la frente y subieron los 5 a la vez que se oía a cientos de auryners gritar. Seguro que alguna ya había empezado a llorar. – Es increíble que sólo hace un mes nosotras estuviésemos como ellas, y miradnos ahora.
  - Es como un sueño, y no quiero que se acabe nunca – dijo Cris.
Bajé la mirada, una oleada de tristeza me recorrió de la cabeza a los pies y tuve que centrar la mirada en una mancha del suelo para evitar que las lágrimas me bajasen por las mejillas.
  - Ey, ¿qué te pasa? – me preguntó María poniendo su mano en mi hombro.

  - Que a este sueño le quedan 72 horas exactas – contesté.

jueves, 10 de octubre de 2013

Capítulo 30.

-            - Sí, por favor.
-            - Pues no te lo voy a decir.
-            - ¡Álvaro! – Celia le dio un pequeño empujón en el hombro mientras Álvaro se reía.
-            - No hasta que hagas algo por mí.
-            - ¿Qué?
-            - Canta.
-            - ¿Cómo...?

Antes de que Celia pudiese decir más, Álvaro empezó a tocar las primeras notas de “A thousand years” de Christina Perri.
-            - The day we met, frozen I held my breath right from the start, I knew that I'd found a home for my heart...” – comenzó a cantar Celia.
-           - "Hearts beats fast, colors and promises. How to be brave? How can I love when I'm afraid to fall?” – le siguió Álvaro.
-           - Dios, son tan adorables… - le susurré a David.
-           - ¿Por qué? Sólo están cantando.
-           - Oh, por favor, no me digas que no estás viendo lo mucho que se gustan.
-           - No sé, cielo, se conocen desde hace dos días…
-           - ¿Tengo que recordarte que Cris y Dani empezaron a salir la misma noche en la que se conocieron?
-           - Touché.
-           - “I’ll love you for a thousand more…”
-           - Vaya, eso… Tú… Ha estado genial – dijo Álvaro.
-           - Sí, lo cierto es que ha estado bastante bien. – dijo Celia sonriendo.
-           - Cantas muy bien, ¿sabes?
-           - Bueno, me lo han dicho alguna vez, pero es sólo un hobbie.
-           - Quiero cantar más veces contigo.
-           - ¿En serio?
-           - ¡Sí, claro! ¡Tienes una voz genial, transmites muchísimo cuando cantas, eres adorable, y encima de todo preciosa! Y… - Álvaro se calló al ver que Celia se sonrojaba – Yo… Lo siento – dijo apartando la guitarra a un lado -, estoy hablando mucho y muy rápido…
-           - No, no pasa nada – dijo Celia, que aún estaba colorada, sonriéndole.
-           - Sí, sí pasa. Siempre que me gusta una chica y quiero impresionarla acabo diciendo algo que lo estropea todo, o hablo mucho y se asusta. – miró a Celia, que tenía la mirada baja - ¿No ves? Ya lo he estropeado todo diciéndote que me gustas. Soy un desastre… - dijo mientras se levantaba dispuesto a irse.
-           - ¡No! No te vayas… - Celia se levantó de repente.

Álvaro se quedó quieto donde estaba y Celia empezó a acercarse a él poco a poco, dando pequeños pasos hasta que estuvieron tan cerca que ella podía contar los pelos de la barba de él.
-           - Vamos… - susurré tras el arbusto mientras agarraba la mano de David para calmar los nervios. Me encantaba la idea de una nueva parejita en el grupo.

Celia se puso de puntillas y le dio un tímido beso a Álvaro. Él puso sus manos alrededor del cuello de ella y le besó una, dos y hasta tres veces.

Estaba tan emocionada y contenta por ellos que empecé a dar saltitos en cuclillas hasta que me caí de culo y aterricé sobre una naranja que se había caído de un árbol, haciendo salir todo su jugo y manchando mis pantalones de un naranja amarillento que parecía pis. Al ver la escena, David no pudo evitar reírse a carcajadas, por lo que tuvimos que salir corriendo a cuatro patas para que Álvaro y Celia no nos viesen.
-           - ¿Tú también acabas de ver a David y Carmen corriendo a cuatro patas? – preguntó Álvaro.
-           - Eeeeh… Eso creo… - contestó Celia.

martes, 8 de octubre de 2013

Capítulo 29.

-          Chicos, esto es increíble. – dije al ver el picnic a la orilla del lago que los chicos nos habían preparado - ¿Dejaréis algún día de sorprendernos con estas cosas?
-          Ah, ¿pero esto es habitual? – preguntó Celia más sorprendida que ninguna. Álvaro me había preguntado por ella en un par de ocasiones y, finalmente, la invitó a unirse a nuestra cena.
-          Lo creas o no, sí, es habitual.
-          Qué exagerada, - dijo Dani – sólo nos gusta tener contentas a nuestras chicas de vez en cuando.
Nos sentamos todos juntos a cenar. Nos pasamos toda la noche riendo, cantando y contándole a Celia anécdotas de la gira. Álvaro estaba bastante pendiente de ella y, aunque es lo normal en él, noté que entre ellos había una conexión que no había con el resto. No sabía la forma en la que acabaría aquello, pero de verdad me alegraba de que se llevasen tan bien.
Celia se había hecho muy amiga nuestra en apenas 2 días, y los chicos la habían aceptado estupendamente. Lo hacíamos casi todo los 9 juntos, cantar, preparar actividades, bañarnos en la piscina y en el lago, jugar partidillos de fútbol y de baloncesto…
Pasamos gran parte de la noche tirados en el césped, junto al lago, con algunas mantas y haciéndonos fotos. A las 2 de la mañana o así recogimos las cosas y nos fuimos a dormir. Cuando llegué a la cabaña vi una nota encima de mi cama. Ponía:
   “¿Quieres más pruebas para saber que te quiero? Te espero a las 2:30 en el lugar del picnic. David”
Esperé a que las demás se acostasen para salir, pero como se me hacía tarde y Celia no volvía le dejé una nota en su cama diciendo que no podía dormir y había ido a dar una vuelta, así me aseguraría de que no fuese a buscarme.
Cuando llegué junto al lago, vi a David de pie con una mochila a la espalda. Parecía cansado, pero seguía con esa enorme sonrisa que no se le borraba nunca. Me había acostumbrado tanto a verle sonreír cada día que ya no me acordaba de cómo era ver a David serio. Me encantaba esa idea.
-          Has venido – me dijo.
-          Me lo has pedido – le contesté sonriendo.
-          Ya, pero es tarde y pensaba que querrías dormir.
-          Eres tú el que parece cansado, ¿no sería mejor que descansases algo?
-          Mira, - dijo poniendo su mano en mi cintura y acercándome a él – sólo me queda esta semana contigo antes de que vuelvas a Sevilla y voy a aprovecharla al máximo, aunque eso signifique dormir la mitad.
-          ¿Te he dicho alguna vez lo mucho que te quiero? – dije cogiendo su cara entre mis manos.
-          ¿Te he dicho alguna vez que yo te quiero más? – y me besó.
-          Así que… - dije separándome un poco de él - ¿qué vamos a hacer?
-          Lo sabrás cuando lleguemos al muelle.
Íbamos andando hacia el muelle cuando nos dimos cuenta de que ya había dos personas allí. Al acercarnos un poco más vimos a Álvaro sentado con una guitarra, y frente a él estaba Celia.
-          Vaya, parece que se nos han adelantado… - dijo David.
-          ¡Shhhh!
Le mandé callar rápidamente mientras tiraba de él para que nos escondiésemos detrás de unos arbustos, a la distancia justa para enterarnos de lo que decían sin que nos viesen.
-          ¿No nos dirán algo por estar aquí tan tarde? – preguntó Celia.
-          No si no saben que estamos aquí. Además, esta zona está apartada de las cabañas, nadie se va a enterar. – le contestó Álvaro.
-          Este sitio es muy bonito… - dijo Celia algo cortada. Se notaba que le gustaba estar con
Álvaro pero, a la vez, estaba un poco incómoda con la situación.

-          Sí, sí que lo es… - Álvaro ajustó la guitarra sobre sus piernas y se acercó más a Celia – Mira, no quiero andarme con más rodeos. ¿Quieres saber la razón de que te haya pedido que nos viésemos en este sitio y a esta hora?