martes, 5 de agosto de 2014

Capítulo 35.



Por mucho que los chicos intentaron convencerme de que lo mejor era que me fuese a descansar, conseguí quedarme a pasar la noche en el hospital con David. Fui a casa de Dani, que era la que estaba más cerca del hospital, a darme una ducha y soltar las maletas que todavía llevaba conmigo desde que Magí me recogió en la estación de tren.
-          ¿Estás segura de que no quieres dormir aquí? Vas a estar más cómoda que en un sillón duro del hospital. – me dijo Dani cuando salí de la ducha.
-          No, muchas gracias. Ya que su familia no puede venir hasta mañana, quiero quedarme con él para que no pase la noche solo. – contesté.
-          Está bien, como quieras. Avísame cuando acabes y te acerco en coche.
-          Gracias, eres un cielo.
Me sonrió y me dejó sola para que terminara de arreglarme.
Me puse a preparar un bolso de mano con todas las cosas que pudiesen hacerme falta. ¿Que qué metes en el bolso para pasar la noche en el hospital la noche previa a la que van a operar a tu novio de una rotura complicada causada por un accidente del que te sientes responsable? Buena pregunta, yo tampoco tenía ni idea.
En cuanto terminé, Dani me llevó al hospital. Cuando entré en la habitación, David estaba hablando por teléfono.
-          Sí, princesa, te prometo que estoy bien. No, no me pasa nada, no te preocupes. Me muero de ganas de verte mañana para que se me quite cualquier dolor del todo. – decía con una gran sonrisa. Si no hubiese estado segura de que era su hermana, la persona a la que más quiere en el mundo, me hubiese puesto bastante celosa. – Oye princesa, te tengo que dejar que tengo visita. Sí, es Carmen. – sonrió – Vale, cariño. Te quiero mucho, ¿vale? Un besazo enorme. Te veo mañana, preciosa.
Colgó el teléfono con esfuerzo por el dolor de la quemadura del costado, que estaba tapada con una enorme venda.
-          Un beso de parte de Lucía. – me dijo mientras me señalaba un hueco en el lateral de su cama, invitándome a sentarme.
-          Es tan linda… ¿Viene mañana? – dije apoyándome con cuidado para no hacerle daño.
-          Sí, en cuanto mi madre le ha dicho lo del accidente la ha obligado a traerla. Vienen Lucía y mi madre media hora antes de la operación.
-          ¿Estás nervioso?
-          ¿Por verlas o por la operación?
-          Ambas.
-          No te niego que la operación me dé un poco de miedo, ¿a quién le gusta meterse en un quirófano? Pero, no sé, sólo puedo pensar en que pase ya, me den el alta y poder disfrutar de mi impresionante novia, mi familia y mis amigos. Y en cuanto a mi familia, más que nervioso estoy impaciente.
Sonreí. Volvía a ser su novia, volvía a oírlo de sus labios, después de haberme portado tan mal y me lo había perdonado. No me lo merecía.
-          No vuelvas a darme un susto así – le dije, refiriéndome al accidente. Puso una sonrisa traviesa.
-          No vuelvas a dejarme – contestó.
-          No creo que pudiera.
-          Te quiero muchísimo.
-          Te quiero.
Y me besó.
El resto de la noche la pasamos hablando de lo que haríamos en verano, una vez que David se hubiese recuperado de la operación. Él quería llevarme con su familia a Granada y yo quería presumir de lo feliz que era por el maravilloso centro de Sevilla. Y así pasamos las horas, hablando y riendo, hasta que nos quedamos dormidos. Juntos. Abrazados. Felices.

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